martes, 22 de diciembre de 2009
Empezar por lo físico.
Sabe el Señor Gato que, para sentirse plenamente vivo, hay que empezar por los pies y no por la cabeza, hay que empezar por lo físico y no por lo mental. Ser consciente de la física y la química, que todo lo genera. Sabernos cuerpo y cumplirnos sus necesidades, una vez escuchadas: lo demás es contra natura. Permitirnos con sencillez que las manos toquen, que los pies pisen, que los ojos miren, que el culo cague, que las piernas se muevan, que los brazos describan aspas en todas las direcciones, que la boca coma, beba, chupe y bese, que el coño y la polla jodan, que los pulmones reciban el aire que piden, que el estómago haga las digestiones que reclama, y con él todos los órganos que lo secundan y circundan; que la espalda se yerga y se tienda cuando lo necesite, que las cuerdas vocales produzcan los sonidos que el aire le brinde y nuestro ser quiera comunicar, que la nariz estornude y la garganta trague y escupa y tosa en alianza con los pulmones y el estómago; que el corazón sienta, que el cerebro sea el órgano del pensamiento y la coordinación, que el oído oiga y escuche, que el olfato se entregue a los olores, o los rechace, que la lengua haga lo mismo con el gusto. Que todo esto se combine resultando en la felicidad natural, la alegría inmotivada, el discernimiento impecable, el placer del equilibrio, el júbilo irreprimido y el arte de vivir en la expresión de uno mismo sin ortodoxias postizas, reglas de conveniencia, maestrías fingidas, liderazgos vanos, leyes obtusas y manipuladoras y especialistas, oh los especialistas, esos que limitan que el pie dé patadas a su manera a balones reales o imaginarios, que las piernas inventen su propia danza, que el oído selecciones los sonidos más bellos y queridos y escojan su propia música; que las manos palmeen, chasqueen los dedos, pellizquen, aplaudan, acaricien cuerpos sin distinguir lo propio de lo llamado, morbosamente, ajeno; que los ojos se abran y cierren, se guiñen y se espanten a voluntad; que los brazos descubran nuevas señales, que la boca seleccione sus sabores preferidos a fuerza de no aceptar necesariamente lo que otras paladean; que cada polla y cada coño escojan su kamasutra, su propia sinfonía en contacto con el resto de su cuerpo y los muchos otros cuerpos, que los pulmones se muevan en busca de su más deseado aire, que la espalda sepa de su sentido de la comodidad extendiéndose en las más diversas superficies, duras o blandas, que las cuerdas vocales canten sus más profundos sonidos y hablen la belleza de sus propios fonemas, escribiendo en el aire temas nunca oídos y deliciosamente incomprensibles para la razón; que el corazón lata en ritmada danza con todo ello, que la mano siga escribiendo a su dictado y que nunca olvidemos, entre sístoles y diástoles, lanzar sonoras y batientes carcajadas.
domingo, 29 de noviembre de 2009
Sexo y patriarcado
El señor gato ve que la sociedad patriarcal en la que viven los humanos, sin ninguna duda, se sostiene en un código de continuada violencia velada y bien medida. La auténtica alienación de las personas parte de la incomunicación, de romper el vínculo de cercanía desinteresada inherente al ser humano y que el poder (un ente cuanto más abstracto más manipulador) promociona sin el menor escrúpulo. A mayor separación entre los seres humanos, menor esencia humana. Uno de los muchísimos medios para llevar esto a cabo, y quizá uno de los más importantes, es la cuestión del sexo. El uso de la paradoja con el fin de confundir a las personas desde la infancia es una técnica refinada del poder destructivo y alienador. Se explica el señor gato: a las niñas y a los niños, desde su nacimiento, se les educa ("educar" significa conducir, sin más) en una visión exagerada de su condición sexual de macho o hembra, mediante la cual se les carga (ahí empieza la violencia, con cargas ajenas) con una serie de supuestos derechos y deberes por el simple (sí simple) hecho de haber nacido fisiológicamente mujer u hombre. Es un modo muy sutil de separar y enfrentar. Es irrenunciable al camino de la libertad humana el que aprendamos (solas o solos, si es necesario) que por encima de todo somos personas, y que cada vez que afrontamos con nuestros sentidos a otro ser humano lo único realmente sano es ver, de entrada, a una persona. Tan sencillo como difícil de hacer, dada la programación que nos traemos puesta desde tan atrás. Es la única forma de permitir la cercanía y el reconocimiento humano. La hipercaracterización del sexo es una aberración calculada. Y la paradoja se produce cuando frente a esa aberración se promueve la otra de reprimir la sexualidad. Primero se bombardea a la persona con la condición sexual (como si fuera una condena) y, después, cuando ésta (hombre o mujer) quiere expresarse libre y naturalmente, se le reprime y se le ponen trabas morales de todo tipo (moralidad entendida como algo impuesto artificialmente desde fuera, no como la ética natural humana, que no es más que respeto a sí mismo y al otro). No extraña así que niñas y niños crezcan en la falta de información, como personas machacadas con la "determinación" de su fisiología por encima de su mente, su corazón y su espíritu, y luego no se les deja ser sexuales en todo el sentido animal y humano-afectivo de la palabra. Si la sexualidad no es libre el ser humano es esclavo (y no es necesario andar con mayores metafísicas) y eso lo saben bien poderes políticos y religiones varias. Todas las religiones, sin excepción, manipulan la expresión de la sexualidad para aplastar el desarrollo de las personas y para controlar de modo artificial el empuje y manifestación de la naturaleza; o sea, ponen barreras a la felicidad natural de hombres y mujeres, a quienes hacen violencia por igual, aunque en la sociedad patriarcal ( campeona de la mayor violencia antinatura) las mujeres salen destrozadas. El ejemplo de la maternidad (que en una sociedad matriarcal se trataría con la naturalidad que precisa) es clara prueba de ello. La pretensión enloquecida de que una mujer no tiene el derecho a elegir sobre su propio cuerpo no merecería el menor comentario en una sociedad sana. Que una mujer tiene derecho a elegir ser madre o no, sin ningún tipo de presión externa, estaría fuera de duda en una sociedad que de verdad apoyara y velara por la libertad del individuo. La sexualidad es una comunicación y un placer solitario o compartido entre seres humanos (con la combinación que cada cual desee), pero la maternidad es asunto de las personas que tienen útero. ¿Dónde está el problema?, se pregunta el señor gato.
jueves, 5 de noviembre de 2009
Autohipnosis humana
Descubre el señor gato que entre las muchas habilidades humanas se encuentra la autohipnosis, que consiste en condicionar la interpretación del mundo mediante la palabra y el pensamiento, de manera tal que se termine por confundir este condicionamiento con la realidad objetiva, siendo así fuente de numerosas perturbaciones. Repetirse continuamente una serie de palabras y de ideas, prestadas e impuestas casi todas, lleva al ser humano a creer que la realidad son esas ideas con esos arbitrarios vocablos. Lo cierto es que la lengua y el pensamiento crean una imagen del mundo, pero de ahí a creer que esa imagen es el mundo, va un abismo. Pero la gente es orgullosa, y le gusta creer que lo que ve y cómo lo ve es lo que existe, y nada más. Lo sabe el señor gato y le agrada esa extravagancia, pero cuando él persigue una mosca simplemente lo hace por diversión, por el arte de la caza y no se plantea que sea una mosca, ni menos aún que tenga un nombre; es algo que se mueve rápido y da gusto atraparlo, y cuando llega otra mosca es una nueva experiencia, sin relación con la anterior, sin ideas preconcebidas ni nombres que valgan, así no hay comparaciones ni cabe la frustración de "esta vez no fue como antes".
martes, 3 de noviembre de 2009
Silencio prolongado
A veces el silencio, incluso si es prolongado, reorganiza el universo a los ojos del señor gato. No se puede parar el pensamiento, como no se pueden detener los latidos del corazón, no está al alcance de nuestra voluntad. Lo que podemos hacer es parar los pies, sentarnos, dejar de perseguir ideas, proyectos, personas, otros gatos y, sobre todo, quimeras, que son realmente esa sarta infinita de mentiras disfrazadas de ideales y costumbres con que nos han tupido el entendimiento, para así no dejar lugar a nuestros propios descubrimientos y a los sentires más íntimos. ¿Qué siento yo de verdad? Es la pregunta que se ha hecho durante dos meses el señor gato, y lo ha dejado en suspenso. La verdad es que ha seguido buscando su comida, durmiendo, amando, disfrutando de cada milímetro de la vida pero dejando en el aire la pregunta, para saber al final que la respuesta se hace cada día, en el silencio y en el ruido, en el hacer y en el pensar y que si encontrara una solución definitiva llegaría el momento de disolverse y empaquetar para una nueva existencia. "La quietud y el movimiento son las dos partes de la misma realidad, pero ninguno de ellos cesa jamás mientras este animal siga existiendo" piensa el señor gato levantándose de una de sus siestas diarias para ir en busca de una nueva diversión.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Despropósito y controles
Dicen algunos sabios que el mundo es un infinito despropósito. El orden estricto, el control, la seguridad no existen, es cierto; pero el señor gato nota en sus bigotes y en la punta de sus mullidas patas que el universo es una sinfonía con propósito, el único que conoce: seguir generando vida. Y es que la vida solo sabe hacer vida, de forma incesante, la creación en sesión continua. En ese sentido no existen el orden, el control y la seguridad tal como nuestras mentes, hipertrofiadas de raciocinio, consideran. Agarrar la corriente de la vida es el desatino, ése es el despropósito; oponerse al cambio es el disparate mental de los seres humanos. Los excesos razonadores provocan la risa limpia del señor gato cuando oye a los humanos decir que hay un pasado y un futuro, y todo porque existen libros de historia y agendas. La vida es una danza -le gusta decir y sentir al señor gato- y es nuestra danza interior y exterior. Vivimos y cambiamos a pesar de nuestros cerebros controladores e hiperactivos, a los que cuesta enterarse de que también somos instinto y sentimiento, y una suave e ilocalizable bruma que se llama espíritu. Observar en lugar de controlar, y no por eso se nos va el mundo de las manos: ya se fue, desde siempre se había ido. Creemos que el mundo es un despropósito porque nuestra pequeña central de control no controla casi nada. El despropósito es creer que podíamos controlar. Todos es cambio y la noticia más tranquilizadora (o alarmante, según se mire) es que ese cambio lo hacemos nosotros, o sea el universo autoexpresado, "o algo así", dice el señor gato, que no entiende demasiado las palabras de seis sílabas.
jueves, 27 de agosto de 2009
Luz perpetua
Sabe el señor gato que la luz nace del interior de los seres y se extiende por el mundo. Dentro de cada individuo, sea persona, planta, planeta o piedra, hay una luz prestada y propia al mismo tiempo, una luz que se expande en busca de otras y que, en su movimiento perpetuo, crea también las sombras y da forma a todo. La luz sale de las miradas, no entra en ellas. Cuando la noche es muy oscura, el señor gato sabe que esta percepción solo existe porque él lleva la luz dentro. Sin sol no hay luna, sin mañana no hay noche, da igual lo que digan los astrónomos. Por eso hay que buscar el brillo en cada cosa; nada es por entero opaco ni por entero radiante. La vida es un baile de movimiento, pero también de luz, es un darse cuenta, un prestar atención, un dejarse invadir por los fenómenos que nos rodean (por fuera y por dentro): si no hubiera luz nada de esto existiría, andaríamos ciegos en un mundo imposible de distinguir, en un mundo sin formas, un no-mundo imposible de originarse ni de sufrir transformación, algo que jamás habría existido.
lunes, 10 de agosto de 2009
El señor gato sabe que el esfuerzo, como el deber, no existe. Ni siquiera se lo plantea, porque es algo humano. Ambos son pura propaganda del sutil sistema de esclavitud universalizado. Existen la dedicación y la responsabilidad. Esfuerzo viene de fuerza y emparenta con forzar. Para hacer fuerza tiene que haber una resistencia, y ésta solo existe en el plano de lo físico. En la mente y aun en medio de una actividad sostenida la fuerza ni sirve ni puede tener lugar. Contamos con la actitud, la intención, la dedicación, bellos sustantivos a los que hay que añadir la aptitud, que es el origen certero de las consecuciones del individuo. Sin aptitud no hay esfuerzo que valga, pero la propaganda adormecedora y esclavista se empeña en darle el primer lugar a tan triste e inútil procedimiento para alcanzar los deseos y objetivos. Es un modo de llevar a las personas a un callejón sin salida y, por tanto, a una concepción del mundo sin esperanza y, sobre todo, sin dicha: el esfuerzo, por inútil, aniquila la felicidad. Por eso, con él engañamos a los niños para que hagan lo que no quieren, y ahí le encontramos un uso perfecto al término y su idea porque a los pequeños los forzamos, y en vez de enseñarles a reconocer la necesidad les inventamos el deber, como nos hicieron a nosotros. Así luego se pasan (nos pasamos) la niñez y la adolescencia obligados a mil estupideces, sistemas de estudio vacuos y otras adormideras varias que les enseñan a trabajar con esfuerzo y sentido del deber y les crea un bonito vacío, lejos de su propio espíritu, mediante el que es normal que se lancen al alcohol, las drogas y un sexo mecánico, por ejemplo. Seres creativos por naturaleza han aprendido a obligarse: aprendizaje como sinónimo de tortura. Ahí los (nos) tienen: el tarado social acaba de salir del horno recién hecho; ya puede competir, usar los codos, inventar guerras... le duele el cuerpo y el alma de hacer tanta fuerza, y en el fondo se pregunta qué hace en este esforzado mundo, y así inconscientemente se dedica a destrozar todo lo que pilla, que para eso está fuerte de cuerpo, y de mente, de mente rígida, claro.
A pocos se les ocurre bendecir la energía de cada individuo y que éste la expanda y desarrolle dándose tiempo a conocer cuál es su aptitud, su actitud, su intención y su deseada actividad, que se pondría en marcha sola, sin que nadie empujara, con un inexistente esfuerzo, ni siquiera mínimo. Pero el sistema socio-económico, psicologista, bancario, etc. está demasiado ocupado en mantener la sociedad que necesita y que, eso sí, tiene el mérito de controlar con un gran esfuerzo.
A pocos se les ocurre bendecir la energía de cada individuo y que éste la expanda y desarrolle dándose tiempo a conocer cuál es su aptitud, su actitud, su intención y su deseada actividad, que se pondría en marcha sola, sin que nadie empujara, con un inexistente esfuerzo, ni siquiera mínimo. Pero el sistema socio-económico, psicologista, bancario, etc. está demasiado ocupado en mantener la sociedad que necesita y que, eso sí, tiene el mérito de controlar con un gran esfuerzo.
sábado, 25 de julio de 2009
Miradas que se miren
Para el señor gato la mirada es elemento fundamental de su vivir diario. Con ella lo ve todo y lo recibe todo. Los ojos son comunicación. El tráfico de las miradas es infinito. Por eso le hace gracia que los humanos la usen con tanta deficiencia. Mirar es aceptar el mundo, dejarlo venir, dejar llegar al otro, a uno mismo reflejado en el universo. Miramos y rompemos barreras mentales, sensitivas, espirituales; por eso nos cuesta sostener la mirada. Nos avergonzamos, creemos que quedamos descubiertos cuando nos abrimos a través de los ojos, como si hubiera cosas que esconder, algo en nosotros que es diferente, faltas, "cosas" inconfesables que "solo a mí me pasan". Falso. Por eso se busca la excusa del manual de buena conducta: sostener la mirada es falta de educación. Falso. Solo ocurre que el miedo se busca reglas para subsistir. La debilidad se siente fuerte tras las leyes. Y entonces nacen los uniformes, los rostros impenetrables, ejércitos, religiones, registro de la propiedad, apellidos, y sobre todo rostros sin miradas, ojos sin luz. Miramos al suelo para no "descubrirnos", y no sabemos que estamos fichados hace tiempo y bien controlados mirando solo lo que nos dicen y a la distancia que nos indican, normalmente no más allá de los telediarios. "Eso sí que es peligroso -piensa el señor gato-, mirar en una sola dirección: así no ves los peligros, ni las puestas de sol tampoco."
domingo, 12 de julio de 2009
Islas de dicha
En la isla se reproducen otras islas, de calma, de oscuridad, de brisa, de compañía, de soledad, de luz, de silencio, de movimiento y de completa quietud. El corazón conoce islas con caracteres propios, con matices particulares. Todas ellas son islas de dicha. La isla está hecha siempre a la dimensión humana y al tamaño gatuno, es abarcable con la mirada y hasta con el tacto, pues parece que pudiéramos tocar todos sus extremos, cada ángulo y arista, pero sobre todo con el ser entero. Cualquiera de estas islas existe en todo momento, las construye el corazón, y él puede montar la calma en medio del ruido, la soledad rodeada de muchedumbre, el silencio asediado de palabras, la oscuridad en pleno día, la compañía en el desierto, la quietud en medio de una veloz carrera. La vida, si lo dejamos sentir, siempre se forma a nuestra medida, nosotros marcamos el horizonte, el límite de cada una de nuestras islas, más allá de las cuales se abre el infinito misterio, que en sí es también y siempre otra oportunidad de descubrir nuevas tierras donde marcar otras islas, "de dicha, siempre de dicha", ronronea el señor gato.
Presente y ajeno a la vez, en plena carrera, el señor gato parece señalar que la alegría y el disfrute son condición natural del ser, la más ligera y directa, la menos elaborada. La risa en los humanos, el llanto emocionado, son celebración de estar vivo, como el movimiento y el ritmo del corazón. Chapotear con los pies en la vida, llamar al viento con el viento de nuestra voz. Gritos y maullidos, caricias y roces gatunos. Defender la alegría, como dijo el poeta. El señor gato deja de correr y contempla el sol en su movimiento. "Él también se alegra cada día", piensa felinamente.
miércoles, 1 de julio de 2009
Be water, my wind
Medita el señor gato, mientras caza sombra en la tórrida siesta de junio, que la respiración no es más que una interpretación individual del aire durante el reposo y del viento durante la acción. Y cuando estamos a punto de dormir es el ritmo de las olas del mar, y si sobreviene una pesadilla es un temporal en altura, en la altura del espíritu. La respiración, como el aire, como el viento, no parte de ningún lado ni camina, al salir, a ningún sitio, quizá porque sigue estando en todas partes. Dicen los científicos que en sobre todo somos agua. Habrá que apostar que lo que resta es aire. Entre el agua que fluye y la levedad del aire ¿qué excusa nos queda para seguir pesando tanto, para creer que estamos rodeados de obstáculos y que nuestra mente y nuestro espíritu guarda zonas rocosas? Con el frescor de la tarde al señor gato le nace una carrera; quienes lo observan ven a un pequeño felino, pero él siente la felicidad de un chorro de agua empujado por el viento.
miércoles, 24 de junio de 2009
Sin pies ni cabeza (ni bigotes)
Se toma y retoma en cualquier punto: la vida. Quizás nada de eso, quizás ni siquiera hay puntos. Nacimiento y muerte son transiciones, fijaciones arbitrarias del yo; como mucho son cambios de manifestación y de percepción. La vida es inasible. Solo una necesidad fingida marca límites. La vida solo puede contemplarse a la vez que se participa del juego; dos caras de la misma moneda, los pies y la cabeza, la mano derecha y la izquierda. La danza del ser. Todo es vida, aun la muerte. "Sin pies ni cabeza ni bigotes", dice el señor gato, pero se ríe entornando sus ojos en el atardecer veraniego.
viernes, 19 de junio de 2009
No existo, qué bien
"No existo y no hay nadie que pueda negármelo", se dice el señor gato. Hay una respiración que se siente, hay más o menos un cuerpo con algún límite (¿seguro?), un ser que (se) piensa, algo que oye y a veces escucha. Hay movimiento, caminar, espacio, propósitos, actos y hechos que una vez hechos ¿los hizo alguien? Un cielo azul entra a través de una mirada, ¿o entra la mirada en el cielo azul? El Universo mirándose a sí mismo, sintiéndose a sí mismo y jugando a perseguirse la cola... "Ese sí soy yo", dice el señor gato, que se duerme sabiendo ahora que lo llaman Universo, o sea que no existe. Qué bien.
miércoles, 10 de junio de 2009
Regresar a casa
Descubrir la sabiduría es darse cuenta de que siempre estuvimos en casa. Cuando las personas se deprimen buscan. Quietas o en movimiento, buscan, se preguntan por el sentido de la vida y buscan fuera. Y allí fuera no hay nada, absolutamente nada. Era así de sencillo y no lo veíamos. Fuera, igual que dentro, solo estábamos nosotros. Fuera y dentro solo son formas de ver, divisiones de la mente. Todo es dentro o todo es fuera. Qué más da. El Universo entero es cada uno de nosotros, y al revés. No es un truco, no es una anestesia para que dejemos de investigar. Las divisiones y separaciones son espejismos de la mente, maravilloso instrumento limitado, cuya función es saber dividir, pero no para entender el misterio del ser. Lo único es que cada consciencia de ser individuado se dé cuenta por sí misma, en el silencio de la aceptación y contemplación del todo. Por eso no hay maestros. Por eso no hay un hogar al que regresar: siempre estuvimos en él, porque el hogar era todo el Universo. "¿Qué puerta de entrada o de salida pudo haber alguna vez?", dice el señor gato contemplando la espesa maleza.
Algo así
Maúlla el señor gato:"Conocimiento es cuando tengo hambre y sé dónde ir a buscar comida". "Sabiduría -ronronea- es cuando siento la brisa pasar por mis pulmones y sé que ese aire también es este ser que la gente llama gato." Algo así.
jueves, 4 de junio de 2009
No hay vacío
Hay que dejarse impregnar por los lugares que vivimos, por sus colores, sus sonidos, objetos, olores, la luz, lo que hubo y ya no hay, lo que cada persona aportó, lo que hicimos allí o hicieron otros. Montones de huellas, trazos que se pueden leer por todas partes. Puertas, espejos, ventanas, cristales, sillas, muebles para libros, mesas de distintos tamaños. Y lo intangible: el ambiente como suma de tanta vida pegada a cada rincón. No hay espacios vacíos, como sabe el señor gato, que capta con sus sentidos millones de estímulos en todo su alrededor. "¿Cómo se aburren los humanos?, ¿cómo alcanzan este mérito?", se plantea el señor gato mientras huele la enémisa flor del día.
martes, 2 de junio de 2009
De brújulas y vísceras
A veces, el cielo se nubla de repente, desaparecen las estrellas y nos faltan datos para descifrar el camino. Es el momento de volverse hacia dentro, de darse cuenta que todo nació en la prfundidad de nuestras vísceras y que ahí está la brújula, haya o no estrellas en el exterior. El corazón jamás engaña, solo requiere sosiego y dejarse un buen rato tranquilo a la escucha de sus latidos, que no siempre son los mismos. El señor gato sabe de eso. Sabe que el ritmo de su vida lo marca el corazón, tam-tam de la alegría y la tristeza, del ser cambiante y por eso mismo vivo. Todos los caminos han de ser con corazón, de lo contrario las estrellas desaparecen en el cielo y en el espíritu. Pero de nada sirve quedarse mirando para dentro. El corazón, cuando habla de verdad, nos lleva hacia fuera, a celebrar la vida, a comunicar con los otros. Y así, aunque hoy esté nublado, o quizá por eso mismo, el señor gato busca la mano acariciante de los humanos, y escucha el corazón de esas personas, y llegado un momento lo confunde con el suyo. "Aquí ya no hay ni dentro ni fuera. Qué curioso", piensa el señor gato mientras cierra sus ojos y sueña con estrellas infinitas que guían por siempre sus felinos pasos.
domingo, 31 de mayo de 2009
Esfuerzo
"Curiosos los humanos: tienen una pretendida virtud que es el esfuerzo." Dice para sí el señor gato, que nota que la respiración entra y sale de él sin poner el menor empeño.
jueves, 28 de mayo de 2009
Dicen que se llaman "personas"
Al señor gato le gustan las personas. Pero el señor gato no sabe que se llaman así. Él oye que la gente habla y habla porque es así, porque las personas se pasan la vida hablando; es una característica que tienen, y claro, de tanto hablar lo nombran todo: esto es tal y aquello es cual. Pues vale, dice el gato. Y tú eres un siamés, o algo así: pues vale, dice el gato, y se ríe enseñando y escondiendo sus ojos azules. Le da risa la gente, es divertida. Cuanto más serias se ponen las personas, mayor espectáculo para él. Por eso las quiere. Y además, le dan de comer. Así el amor, para el señor gato, no tiene remedio.
Carpe diem o algo así
"Todo paso es danza", piensa y siente el señor gato, mientras gira sobre sus silenciosas almohadillas. Y sabe que lavarse el lomo levantando esa pata al estilo Bolshói es más danza que higiene, es entretenerse y ser presente en la belleza. Cualquier movimiento es danza, pero si lo hacemos con atención es arte de vivir. Cuando caminamos, lo sepamos o no, bailamos; pero si estamos presentes en sentir bajo los pies las frías losetas o la madera cálida o la piedra rugosa, hacemos arte del vivir y atrapamos gentilmente el momento, carpe diem, que dijo el vividor Horacio. Qué bien le suenan estas palabras al señor gato, que no las entiende ni jota, pero la magia de los sonidos recorre su relajado y relamido cuerpo allá entre las altas hierbas.
miércoles, 20 de mayo de 2009
El tiempo felino
Los felinos se deslizan por la vida sin apenas ser sentidos. Así también el tiempo cronológico. El sol sale, orbita de este a oeste, y se pone. Otro día más u otro día menos. Al señor gato eso no le afecta más que como espectáculo de prestidigitación astronómica. Piensa en lo bella que es la luz en los diferentes momentos de la jornada, pero, como no padece del vicio de la tristeza, nunca piensa tempus fugit, a lo que le ayuda también la suerte animal de no tener remota noticia de que existe el latín. El señor gato juega con el tiempo como con los ratones de su huerta: goza del don natural de correr tras ellos, acecharlos, atraparlos o dejarlos ir. Así también con el tiempo interior. Él siente que es lo mismo y nos lo traduce a la humana manera más o menos así: "El tiempo se para y se comprime cuando se vive a propósito, con atención e intención; cuando contemplamos a los demás seres y apreciamos lo que decimos y nos dicen, y cómo lo decimos y nos lo dicen. Vivir adrede crea precisión en la visión y la vivencia de los días, y esa experiencia detiene la sensación de huida, concreta cada cosa y nos hace ver que nada es igual. Uniformarlo todo crea el tedio. Trabajo eterno, aburrimiento eterno, ocio eterno hacen germinar el tedio, que viste siempre de gris y nos desconecta de la vida, perdiendo el sentido del tiempo que nos interesa: un cambio continuo y bello, como las horas del día que contemplo desde mi atalaya hasta que llegue el momento de mi disolución, y entonces pasaremos a otra cosa", dice el señor gato con misteriosa sonrisa felina.
martes, 19 de mayo de 2009
Ver la vida
El señor gato elige la isla porque es lugar breve y con límites. Elige la isla porque en ella ve cielo, mar y agua sin moverse de su sitio. Y aun caminando, abarca las tres manifestaciones del mundo. Allí puede reflexionar sobre el universo entero tomando como muestra un pequeño pedazo de él. Se sienta durante horas con los ojos entornados, ni dormido ni despierto, solo atento y despejado, y ve la vida, la observa en silencio, hacia fuera y hacia dentro. Sabe que la vida sale de su corazón y demás vísceras y vuelve de nuevo allí tras pasear por la experiencia. Sabe que él mismo es vida y todos los demás gatos y bichos, lo que incluye a la gente que le da de comer porque él se lo merece por ser, como ellos, vida.
martes, 5 de mayo de 2009
Informados
El señor gato vive de espaldas a los televisores y de orejas desviadas de los noticieros de la radio. Ama cierta música, pero siempre que le deje oír sus propios ronroneos, ese milagro felino que ni él se explica y que tampoco le quita el sueño; al contrario, se lo da. Sabe que el llamado mundo de la información no es más que un montón de sombras, de ceremonias de la prisa y el embotamiento de los sentidos. Llaman saber a una acumulación y sucesión de noticias alarmantes, limitantes de la toma de decisiones del ser humano. Dicen que cuantos más datos tienes, más posibilidades de tomar decisiones. Mentira. Cuantos más datos, menos posibilidades de decidir, más material ya masticado y envuelto en órdenes sutilmente enviadas por un mundo de psico-socio-pedagogía funesta. Aprendo del señor gato, que entorna los ojos y parece decirme: "mira estos árboles y este cielo aún azul sobre nuestras cabezas ligeras y felices."
viernes, 1 de mayo de 2009
La danza del torbellino
"Dejar venir, dejarse penetrar de la energía favorable que nos busca, que vaga por el mundo donándose graciosamente y con gracia. El torbellino de energía nos circunda, nos envuelve, y resultamos ser -vaya sorpresa- el propio torbellino. Bailamos con lobos y con hombres, con el señor gato, que come nuestra comida, que ya es suya, bailamos con el ruido del vecino, celebración del sonido libre. Bailamos con el quiosquero, con el que nos vende el pan, el tabaco y el vino, con las cajeras del supermercado y los compañeros de trabajo. Bailamos mientras hacemos negocios, hablando por teléfono en el milagro de cables y de ondas, y haciendo la comida, escribiendo la lista ritual de la compra. Bailamos con los ojos asomados a la ventana, con las manos al volante del generoso coche. Bailamos al son de la luna, reflejo de nuestra alma inmortal y ajena. Somos sin ser y aun así, bailamos; somos un torbellino que se hace, se hace y se hace y jamás, bajo ninguna circunstancia, desaparece. Ese es su defecto, no sabe desaparecer, salió en ese rasgo a su padre, el Universo, y a su madre, la Naturaleza". No está mal, dice para sí el señor gato, solo que, piensa, él creía que la comida siempre fue suya.
miércoles, 29 de abril de 2009
Ligerezas y levedades
"Siente la ligereza de la escasa necesidad", se dice a sí mismo el señor gato mientras pasea por su huerta. Ve a la gente cargada de ropa, de sentimientos pesados, de problemas intuidos y apenas presentes. La ve trabajar sin fin, sin necesidad, sin que tenga ninguna relación con su sostenimiento. Se divierten como el que ficha y asumen proyectos como si fueran exámenes que hay que aprobar. Y no saben qué es la levedad, la soportable y deseable levedad del ser, señor Kundera, dice el gato entrecerrando los ojos.
jueves, 16 de abril de 2009
Contemplación felina
Dice el pronóstico en internet que hoy hará sol, pero está lloviendo. Esto el señor gato no lo sabe, porque él no mira pantallas, ni teclea, ni utiliza más ratones que los que encuentra en sus huertas. Sentado en su muro, o resguardado bajo alerones o balconadas, contempla el mundo exacto y perfecto como es; no hace cuentas, no sabe lo que son cómputos, pero todo le parece bien como está. Sus ritmos interiores le dictan todo, aprovecha el sol para calentarse y la luna para mirarla. Y como un chamán sereno consigue, sin buscarlo, parar el tiempo, encontrar momentos de eternidad que se recogen entre arbustos, cuencos de comida o centelleo de estrellas. El tiempo soy yo, debería de pensar el señor gato, pero él sólo vive, sin más, y por eso él es el tiempo.
lunes, 13 de abril de 2009
La mala memoria
A propósito del silencio del día 11 reflexiona el gato en su isla:
La memoria es un camino de olvido y pérdida, una celebración de la levedad. Veo como las personas pierden relojes, libros, cuadernos, gorras, pelotas, carteras, el coche en el párking... Son regalos de la ausencia definitiva o momentánea, suspensión de la propiedad, el ser a solas consigo mismo, y las manos vacías, sin apego.
Y yo paseando por el muro.
La memoria es un camino de olvido y pérdida, una celebración de la levedad. Veo como las personas pierden relojes, libros, cuadernos, gorras, pelotas, carteras, el coche en el párking... Son regalos de la ausencia definitiva o momentánea, suspensión de la propiedad, el ser a solas consigo mismo, y las manos vacías, sin apego.
Y yo paseando por el muro.
sábado, 11 de abril de 2009
jueves, 9 de abril de 2009
Párate y disfruta del desorden, del regalo que la naturaleza no calculada le da a nuestro cerebro, tan insuficiente él en su deseo de cálculo. Es como si las cosas adquirieran solas el don de la coreografía, de colocarse, disolverse y re-colocarse en danza con el Universo, siendo en sí Universo. Los chinos llaman Li a este aparente desorden, a este orden de la Naturaleza que nuestra neurosis apellida caos. Párate y disfruta, como hago yo sobre este muro, dice con su mirada el señor gato.
miércoles, 8 de abril de 2009
Ocupaciones
Pre-ocuparse es ocuparse previamente de algo, pensar en ello antes de que ocurra lo que quizá no llegue nunca. Ocuparse, por el contrario, es "tomar posesión" de la circunstancia presente en la que ya ha acaecido algo o en la que se ha producido el resultado de algo que hay que afrontar voluntaria o necesariamente. Preocuparse está cargado de irrealidad, de falta de presencia. Irrealidad en cuanto que la cosa, la res, no está presente, luego entonces no hay posibilidad material de ocuparse de ella, pues no existe o está en otra parte, dice el señor gato en su tejado.
lunes, 6 de abril de 2009
El fluir de los felinos
No podemos dejar de fluir. Sería suficiente escribir esto, y fin de la reflexión. Caminamos en la segunda realidad del sueño igual que lo hacemos durante la vigilia. Piensa siempre nuestra mente, pues otra cosa no sabe hacer, y nunca para. No existe la mente en blanco, y en sueños hasta se dispara. No hubo buda, por despierto que lo llamaran, que conociera o pretendiera la mente en blanco. Y todo este ajetreo lo podemos enfocar como angustioso amontonamiento o como ritmo vital precioso, rápido y lento, ligero y demorado, pero jamás quieto. Y en el movimiento (que incluye la quietud, qué cosas) descubrimos la levedad, la falta de peso que nos infunde, al ser conscientes de ella, la hermana ligereza. El eterno movimiento de la tierra bajo los pies nos acompaña. Hasta las piedras caminan. El árbol, viejo pariente, no se detiene, ni en la tierra, con el festival de sus raíces, ni en el aire, componiendo sus sinfonías; y como el dios romano Proteo, sigue siendo bajo las más diversas formas que toma la madera. Observación y movimiento, el fluir de los felinos, señor gato.
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