miércoles, 1 de julio de 2009

Be water, my wind

Medita el señor gato, mientras caza sombra en la tórrida siesta de junio, que la respiración no es más que una interpretación individual del aire durante el reposo y del viento durante la acción. Y cuando estamos a punto de dormir es el ritmo de las olas del mar, y si sobreviene una pesadilla es un temporal en altura, en la altura del espíritu. La respiración, como el aire, como el viento, no parte de ningún lado ni camina, al salir, a ningún sitio, quizá porque sigue estando en todas partes. Dicen los científicos que en sobre todo somos agua. Habrá que apostar que lo que resta es aire. Entre el agua que fluye y la levedad del aire ¿qué excusa nos queda para seguir pesando tanto, para creer que estamos rodeados de obstáculos y que nuestra mente y nuestro espíritu guarda zonas rocosas? Con el frescor de la tarde al señor gato le nace una carrera; quienes lo observan ven a un pequeño felino, pero él siente la felicidad de un chorro de agua empujado por el viento.

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