jueves, 27 de agosto de 2009
Luz perpetua
Sabe el señor gato que la luz nace del interior de los seres y se extiende por el mundo. Dentro de cada individuo, sea persona, planta, planeta o piedra, hay una luz prestada y propia al mismo tiempo, una luz que se expande en busca de otras y que, en su movimiento perpetuo, crea también las sombras y da forma a todo. La luz sale de las miradas, no entra en ellas. Cuando la noche es muy oscura, el señor gato sabe que esta percepción solo existe porque él lleva la luz dentro. Sin sol no hay luna, sin mañana no hay noche, da igual lo que digan los astrónomos. Por eso hay que buscar el brillo en cada cosa; nada es por entero opaco ni por entero radiante. La vida es un baile de movimiento, pero también de luz, es un darse cuenta, un prestar atención, un dejarse invadir por los fenómenos que nos rodean (por fuera y por dentro): si no hubiera luz nada de esto existiría, andaríamos ciegos en un mundo imposible de distinguir, en un mundo sin formas, un no-mundo imposible de originarse ni de sufrir transformación, algo que jamás habría existido.
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