miércoles, 20 de mayo de 2009
El tiempo felino
Los felinos se deslizan por la vida sin apenas ser sentidos. Así también el tiempo cronológico. El sol sale, orbita de este a oeste, y se pone. Otro día más u otro día menos. Al señor gato eso no le afecta más que como espectáculo de prestidigitación astronómica. Piensa en lo bella que es la luz en los diferentes momentos de la jornada, pero, como no padece del vicio de la tristeza, nunca piensa tempus fugit, a lo que le ayuda también la suerte animal de no tener remota noticia de que existe el latín. El señor gato juega con el tiempo como con los ratones de su huerta: goza del don natural de correr tras ellos, acecharlos, atraparlos o dejarlos ir. Así también con el tiempo interior. Él siente que es lo mismo y nos lo traduce a la humana manera más o menos así: "El tiempo se para y se comprime cuando se vive a propósito, con atención e intención; cuando contemplamos a los demás seres y apreciamos lo que decimos y nos dicen, y cómo lo decimos y nos lo dicen. Vivir adrede crea precisión en la visión y la vivencia de los días, y esa experiencia detiene la sensación de huida, concreta cada cosa y nos hace ver que nada es igual. Uniformarlo todo crea el tedio. Trabajo eterno, aburrimiento eterno, ocio eterno hacen germinar el tedio, que viste siempre de gris y nos desconecta de la vida, perdiendo el sentido del tiempo que nos interesa: un cambio continuo y bello, como las horas del día que contemplo desde mi atalaya hasta que llegue el momento de mi disolución, y entonces pasaremos a otra cosa", dice el señor gato con misteriosa sonrisa felina.
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