miércoles, 10 de junio de 2009

Regresar a casa

Descubrir la sabiduría es darse cuenta de que siempre estuvimos en casa. Cuando las personas se deprimen buscan. Quietas o en movimiento, buscan, se preguntan por el sentido de la vida y buscan fuera. Y allí fuera no hay nada, absolutamente nada. Era así de sencillo y no lo veíamos. Fuera, igual que dentro, solo estábamos nosotros. Fuera y dentro solo son formas de ver, divisiones de la mente. Todo es dentro o todo es fuera. Qué más da. El Universo entero es cada uno de nosotros, y al revés. No es un truco, no es una anestesia para que dejemos de investigar. Las divisiones y separaciones son espejismos de la mente, maravilloso instrumento limitado, cuya función es saber dividir, pero no para entender el misterio del ser. Lo único es que cada consciencia de ser individuado se dé cuenta por sí misma, en el silencio de la aceptación y contemplación del todo. Por eso no hay maestros. Por eso no hay un hogar al que regresar: siempre estuvimos en él, porque el hogar era todo el Universo. "¿Qué puerta de entrada o de salida pudo haber alguna vez?", dice el señor gato contemplando la espesa maleza.

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