miércoles, 24 de junio de 2009

Sin pies ni cabeza (ni bigotes)

Se toma y retoma en cualquier punto: la vida. Quizás nada de eso, quizás ni siquiera hay puntos. Nacimiento y muerte son transiciones, fijaciones arbitrarias del yo; como mucho son cambios de manifestación y de percepción. La vida es inasible. Solo una necesidad fingida marca límites. La vida solo puede contemplarse a la vez que se participa del juego; dos caras de la misma moneda, los pies y la cabeza, la mano derecha y la izquierda. La danza del ser. Todo es vida, aun la muerte. "Sin pies ni cabeza ni bigotes", dice el señor gato, pero se ríe entornando sus ojos en el atardecer veraniego.

viernes, 19 de junio de 2009

No existo, qué bien

"No existo y no hay nadie que pueda negármelo", se dice el señor gato. Hay una respiración que se siente, hay más o menos un cuerpo con algún límite (¿seguro?), un ser que (se) piensa, algo que oye y a veces escucha. Hay movimiento, caminar, espacio, propósitos, actos y hechos que una vez hechos ¿los hizo alguien? Un cielo azul entra a través de una mirada, ¿o entra la mirada en el cielo azul? El Universo mirándose a sí mismo, sintiéndose a sí mismo y jugando a perseguirse la cola... "Ese sí soy yo", dice el señor gato, que se duerme sabiendo ahora que lo llaman Universo, o sea que no existe. Qué bien.

miércoles, 10 de junio de 2009

Regresar a casa

Descubrir la sabiduría es darse cuenta de que siempre estuvimos en casa. Cuando las personas se deprimen buscan. Quietas o en movimiento, buscan, se preguntan por el sentido de la vida y buscan fuera. Y allí fuera no hay nada, absolutamente nada. Era así de sencillo y no lo veíamos. Fuera, igual que dentro, solo estábamos nosotros. Fuera y dentro solo son formas de ver, divisiones de la mente. Todo es dentro o todo es fuera. Qué más da. El Universo entero es cada uno de nosotros, y al revés. No es un truco, no es una anestesia para que dejemos de investigar. Las divisiones y separaciones son espejismos de la mente, maravilloso instrumento limitado, cuya función es saber dividir, pero no para entender el misterio del ser. Lo único es que cada consciencia de ser individuado se dé cuenta por sí misma, en el silencio de la aceptación y contemplación del todo. Por eso no hay maestros. Por eso no hay un hogar al que regresar: siempre estuvimos en él, porque el hogar era todo el Universo. "¿Qué puerta de entrada o de salida pudo haber alguna vez?", dice el señor gato contemplando la espesa maleza.

Algo así

Maúlla el señor gato:"Conocimiento es cuando tengo hambre y sé dónde ir a buscar comida". "Sabiduría -ronronea- es cuando siento la brisa pasar por mis pulmones y sé que ese aire también es este ser que la gente llama gato." Algo así.

jueves, 4 de junio de 2009

No hay vacío

Hay que dejarse impregnar por los lugares que vivimos, por sus colores, sus sonidos, objetos, olores, la luz, lo que hubo y ya no hay, lo que cada persona aportó, lo que hicimos allí o hicieron otros. Montones de huellas, trazos que se pueden leer por todas partes. Puertas, espejos, ventanas, cristales, sillas, muebles para libros, mesas de distintos tamaños. Y lo intangible: el ambiente como suma de tanta vida pegada a cada rincón. No hay espacios vacíos, como sabe el señor gato, que capta con sus sentidos millones de estímulos en todo su alrededor. "¿Cómo se aburren los humanos?, ¿cómo alcanzan este mérito?", se plantea el señor gato mientras huele la enémisa flor del día.

martes, 2 de junio de 2009

De brújulas y vísceras

A veces, el cielo se nubla de repente, desaparecen las estrellas y nos faltan datos para descifrar el camino. Es el momento de volverse hacia dentro, de darse cuenta que todo nació en la prfundidad de nuestras vísceras y que ahí está la brújula, haya o no estrellas en el exterior. El corazón jamás engaña, solo requiere sosiego y dejarse un buen rato tranquilo a la escucha de sus latidos, que no siempre son los mismos. El señor gato sabe de eso. Sabe que el ritmo de su vida lo marca el corazón, tam-tam de la alegría y la tristeza, del ser cambiante y por eso mismo vivo. Todos los caminos han de ser con corazón, de lo contrario las estrellas desaparecen en el cielo y en el espíritu. Pero de nada sirve quedarse mirando para dentro. El corazón, cuando habla de verdad, nos lleva hacia fuera, a celebrar la vida, a comunicar con los otros. Y así, aunque hoy esté nublado, o quizá por eso mismo, el señor gato busca la mano acariciante de los humanos, y escucha el corazón de esas personas, y llegado un momento lo confunde con el suyo. "Aquí ya no hay ni dentro ni fuera. Qué curioso", piensa el señor gato mientras cierra sus ojos y sueña con estrellas infinitas que guían por siempre sus felinos pasos.