jueves, 4 de junio de 2009

No hay vacío

Hay que dejarse impregnar por los lugares que vivimos, por sus colores, sus sonidos, objetos, olores, la luz, lo que hubo y ya no hay, lo que cada persona aportó, lo que hicimos allí o hicieron otros. Montones de huellas, trazos que se pueden leer por todas partes. Puertas, espejos, ventanas, cristales, sillas, muebles para libros, mesas de distintos tamaños. Y lo intangible: el ambiente como suma de tanta vida pegada a cada rincón. No hay espacios vacíos, como sabe el señor gato, que capta con sus sentidos millones de estímulos en todo su alrededor. "¿Cómo se aburren los humanos?, ¿cómo alcanzan este mérito?", se plantea el señor gato mientras huele la enémisa flor del día.

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