viernes, 1 de mayo de 2009
La danza del torbellino
"Dejar venir, dejarse penetrar de la energía favorable que nos busca, que vaga por el mundo donándose graciosamente y con gracia. El torbellino de energía nos circunda, nos envuelve, y resultamos ser -vaya sorpresa- el propio torbellino. Bailamos con lobos y con hombres, con el señor gato, que come nuestra comida, que ya es suya, bailamos con el ruido del vecino, celebración del sonido libre. Bailamos con el quiosquero, con el que nos vende el pan, el tabaco y el vino, con las cajeras del supermercado y los compañeros de trabajo. Bailamos mientras hacemos negocios, hablando por teléfono en el milagro de cables y de ondas, y haciendo la comida, escribiendo la lista ritual de la compra. Bailamos con los ojos asomados a la ventana, con las manos al volante del generoso coche. Bailamos al son de la luna, reflejo de nuestra alma inmortal y ajena. Somos sin ser y aun así, bailamos; somos un torbellino que se hace, se hace y se hace y jamás, bajo ninguna circunstancia, desaparece. Ese es su defecto, no sabe desaparecer, salió en ese rasgo a su padre, el Universo, y a su madre, la Naturaleza". No está mal, dice para sí el señor gato, solo que, piensa, él creía que la comida siempre fue suya.
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