domingo, 12 de julio de 2009

Islas de dicha

En la isla se reproducen otras islas, de calma, de oscuridad, de brisa, de compañía, de soledad, de luz, de silencio, de movimiento y de completa quietud. El corazón conoce islas con caracteres propios, con matices particulares. Todas ellas son islas de dicha. La isla está hecha siempre a la dimensión humana y al tamaño gatuno, es abarcable con la mirada y hasta con el tacto, pues parece que pudiéramos tocar todos sus extremos, cada ángulo y arista, pero sobre todo con el ser entero. Cualquiera de estas islas existe en todo momento, las construye el corazón, y él puede montar la calma en medio del ruido, la soledad rodeada de muchedumbre, el silencio asediado de palabras, la oscuridad en pleno día, la compañía en el desierto, la quietud en medio de una veloz carrera. La vida, si lo dejamos sentir, siempre se forma a nuestra medida, nosotros marcamos el horizonte, el límite de cada una de nuestras islas, más allá de las cuales se abre el infinito misterio, que en sí es también y siempre otra oportunidad de descubrir nuevas tierras donde marcar otras islas, "de dicha, siempre de dicha", ronronea el señor gato.

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