martes, 22 de diciembre de 2009
Empezar por lo físico.
Sabe el Señor Gato que, para sentirse plenamente vivo, hay que empezar por los pies y no por la cabeza, hay que empezar por lo físico y no por lo mental. Ser consciente de la física y la química, que todo lo genera. Sabernos cuerpo y cumplirnos sus necesidades, una vez escuchadas: lo demás es contra natura. Permitirnos con sencillez que las manos toquen, que los pies pisen, que los ojos miren, que el culo cague, que las piernas se muevan, que los brazos describan aspas en todas las direcciones, que la boca coma, beba, chupe y bese, que el coño y la polla jodan, que los pulmones reciban el aire que piden, que el estómago haga las digestiones que reclama, y con él todos los órganos que lo secundan y circundan; que la espalda se yerga y se tienda cuando lo necesite, que las cuerdas vocales produzcan los sonidos que el aire le brinde y nuestro ser quiera comunicar, que la nariz estornude y la garganta trague y escupa y tosa en alianza con los pulmones y el estómago; que el corazón sienta, que el cerebro sea el órgano del pensamiento y la coordinación, que el oído oiga y escuche, que el olfato se entregue a los olores, o los rechace, que la lengua haga lo mismo con el gusto. Que todo esto se combine resultando en la felicidad natural, la alegría inmotivada, el discernimiento impecable, el placer del equilibrio, el júbilo irreprimido y el arte de vivir en la expresión de uno mismo sin ortodoxias postizas, reglas de conveniencia, maestrías fingidas, liderazgos vanos, leyes obtusas y manipuladoras y especialistas, oh los especialistas, esos que limitan que el pie dé patadas a su manera a balones reales o imaginarios, que las piernas inventen su propia danza, que el oído selecciones los sonidos más bellos y queridos y escojan su propia música; que las manos palmeen, chasqueen los dedos, pellizquen, aplaudan, acaricien cuerpos sin distinguir lo propio de lo llamado, morbosamente, ajeno; que los ojos se abran y cierren, se guiñen y se espanten a voluntad; que los brazos descubran nuevas señales, que la boca seleccione sus sabores preferidos a fuerza de no aceptar necesariamente lo que otras paladean; que cada polla y cada coño escojan su kamasutra, su propia sinfonía en contacto con el resto de su cuerpo y los muchos otros cuerpos, que los pulmones se muevan en busca de su más deseado aire, que la espalda sepa de su sentido de la comodidad extendiéndose en las más diversas superficies, duras o blandas, que las cuerdas vocales canten sus más profundos sonidos y hablen la belleza de sus propios fonemas, escribiendo en el aire temas nunca oídos y deliciosamente incomprensibles para la razón; que el corazón lata en ritmada danza con todo ello, que la mano siga escribiendo a su dictado y que nunca olvidemos, entre sístoles y diástoles, lanzar sonoras y batientes carcajadas.
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